NO TE TRANSFORMES CON EL SÍNDROME DEL CLICK.

El fotógrafo profesional Andrés Oceja Limón afirma que la gente cambia cuando llega a su estudio para tomarse unas fotos: son unos antes de entrar y otros, frente a la cámara.

Fingen, fruncen, simulan, disimulan, ponen cara de princesa o de matón, de galán o de mustia, no son quienes son todos los días.

No te transformes con el síndrome del click.

En cada junta es lo mismo, ya sabemos cuando Fonseca pedirá la palabra, se tapa la boca con el puño cerrado, se aclara la garganta, fummm, síndrome click, acomodo de corbata, bombardeo de palabras domingueras salpicadas de sonrisas gentiles y no faltan nunca sus famosas expresiones: datos duros, puntual, desencuentros, amortiguado, FODA, Kick off, etc., etc.

Uyyy, y qué decir de Luzma cuando recibe a un cliente, ya lo sabemos porque toda la oficina huele a fragancias del encino, se ajusta el escote, se mira las uñas, fummmm, síndrome click, en lo que va diciendo intercala un oh my gosh, ¿really?, by ofcouse; su voz melíflua con tonos agudos repite sus frases favoritas: cuanto tienes, cuanto vales, las apariencias engañan, no te preocupes, mejor ocúpate… sí mi rey, etc., etc.

El colmo del síndrome click son los discursos del inge Dromundo. Dirá unas palabras y lo sabemos porque llega oliendo a boleada, luciendo copete engominado y vocalizando. Llegó la hora, jala aire, levanta la barbilla y, como listo para entonar el himno nacional, suelta: les voy a quitar unos minutitos de su valioso tiempo, jejefummmm, síndrome click, media hora de un monólogo inspirado, un sermón con manotazos y largos silencios.

No te transformes con el síndrome click, sigue las siguientes sugerencias:

  • Identifica a las víctimas del síndrome click. Al observar te darás cuenta de lo mal que caen, de lo falsos que se ven y se oyen, comprenderás entonces que no va contigo y ese mal dejará de aquejarte.
  • Actúa de forma natural, como eres, en el teléfono, en la oficina, con tus amigas y a menos que seas actriz o actor, sigue siendo tú frente a una cámara, frente a un público.
  • No fuerces gestos ni ademanes. No enchueques la boca para dar énfasis, ni sonrías para demostrar calidez. Se trata de estereotipos que se notan falsos y no contribuyen a que te veas mejor ni a que tu voz suene más clara.
  • No imites entonaciones ni sonsonetes. Tu voz mucho tiene que ver con tu carácter, tu temperamento y tu personalidad. Imitar a Loret, a Nacasia, al profesor Jirafales, al Pirrurris o la Güereja, te ayuda poco a que los demás atiendan lo que les dices. Sonsonetes y tonitos de moda no resultan agradables a nadie.
  • No sincronices lo que vas diciendo con los movimientos de tu cuerpo. Acompaña lo que dices con movimientos discretos, tranquilos. No te emociones al grado que cada palabra lleve un movimiento de tu cabeza, tu cara o tus extremidades. Quieto mi chavo, eso no es natural.
  • Cuidado con la sonrisa y más con la risa.

Éstas son algunas sugerencias de Judy James en su libro La Biblia del Lenguaje Corporal:

  • Evita abrir la boca a no ser que vayas a reír con naturalidad, de otro modo, parecerás muy falso.
  • Nada de sonrisas relámpago que aparecen de ninguna parte y desaparecen con la misma rapidez.
  • Las sonrisas panorámicas son muy artificiales, nadie te las cree.
  • Evita las sonrisas que parecen estar coreografiadas que no guardan relación con lo que dices
  • Fuera exageraciones y rebuscamientos. No te disfraces, no caracterices al sabio ni al analítico Dr. House. Relájate, eres quien eres, sí púlete un poco observando a quienes actúan con naturalidad

Habrá quienes como de costumbre dirán Yo soy así